Poema a Santa Cruz de Flores
Pasó entre viñas, con su madre al lado
Pasó entre viñas, con su madre al lado,
¡qué rara belleza bajo el sol dorado!
¡Qué trenzas de fuego! ¡Qué andar de poema!
¡Qué porte florino, qué luz en su esquema!
Pasó entre aromas de picante y maíz,
me clavó muy hondo su mirar de anís.
Quedé como en éxtasis, junto al reloj viejo,
ese de cuatro caras, testigo y reflejo.
«¡Síguela!», gritaban mi alma y mi piel,
como en la vendimia, cuando todo es miel.
Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, de perder la ternura…
Y aunque el vino me hablaba desde su cristal,
cerrando los ojos… la dejé pasar.






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